PasodeGato, Ediciones y Producciones escenicas

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I ENCUENTRO DE DIRECTORES DE ESCENA JÓVENES QUERÉTARO 2010

La formación del director de escena en México, se ha caracterizado siempre por una serie de alternativas dispersas que incluyen de muchos modos a la figura del director como dictaminador del proyecto y ejecutor en la mayoría de los casos. No hay —excepto los diplomados que con el Programa Nacional de Teatro Escolar se realizaron a través de Casa del Teatro— alternativas que puedan llenar los espacios destinados a la continuidad que en algunos casos se aporta desde las universidades, como en el Diplomado de Dirección que se realiza actualmente en la Universidad Autónoma de Querétaro.

Sin embargo, el director joven sale a aprender a rajatabla, estrellándose (en la pedagogía de Margules), aquellos principios que podrían incluirse en la progresiva y continua labor formativa, siendo probablemente una de las ventajas el ahorro de años de continuo y heroico esfuerzo en las tablas.

En los años noventa se pretendió, a iniciativa del maestro Héctor Mendoza, el inicio de un proceso, si no de homogeneización en los procedimientos, sí en la nomenclatura de aquello que por su carácter efímero estaba siendo usado y desusado arbitraria y despreocupadamente, provocando un caos babélico entre los directores. La Escuela Mexicana de Actuación pareció ser entonces una utopía que, si bien no ha llegado a consolidarse —como todas—, sí encontró el entendimiento de un gran sector de aspirantes al arte de la dirección escénica, habida cuenta de que gran parte de su proceso formativo tenía que ver con la pedagogía.

Esto dio inicio al Núcleo de Estudios Teatrales, donde por primera vez desde los años setenta, en que los directores se formaban en la unam, lograron reunirse de manera aunque esporádica muy productiva, para la búsqueda de un proyecto pedagógico. Es decir, que pensar el teatro y sus nuevos rumbos es pensar en cómo lo enseñamos.


En Querétaro, según el anuario 2008, se produjeron 60 espectáculos teatrales —¡una verdadera barbaridad genética!, como si hubiéramos clonado el error para perfeccionarlo—. Una endogamia que, si bien permite aprovechar y exprimir los escasos recursos de las instituciones culturales, no nos permite bañarnos en aguas nuevas, y lo que, sin embargo, no provoca necesariamente la importación de montajes y talleres esporádicos y sujetos al mercado y a la estética de moda, sino una reflexión, el encuentro, el cara a cara de los procesos que empleamos y la crítica constante, fría y metodológica de dichos procedimientos. La invención de recursos críticos que instrumenten el cambio constante de nuestra profesión es también un reto y una asignatura para este primer encuentro.

El director joven ha hecho propuestas interesantes pero preocupadas más por la formalidad y el uso de instrumentos técnico-acrobáticos y tecnológicos, que por la penetración en el aparato creativo del actor, cada vez más complejo. Quizá los avances han aparecido así como en un tecno-dejá-vú —aquel de las lámparas de gas y luego el de los escenarios giratorios eléctricos piscatorianos de los cuarenta, traídos a México a algunos teatros del imss—, pero el sustento de la escena, el actor mismo ha quedado a medio camino ante la irrupción de nuevas dramaturgias que, sin conocer el origen de toda vanguardia, olvidan su tradición.

La creación de una Escuela Nacional de Dirección Escénica es quizá todavía un proyecto que respondería a una interrogante más profunda: ¿cómo unir la política con la cultura?, es decir, cómo lograr que la política en nuestro país tenga como lenguaje común los múltiples lenguajes de la Cultura o de la Multiculturalidad, en una sociedad donde el sistema de mecenazgo y de demagogia cultural provoca la producción continua, al vapor, desplazando la maduración del trabajo escénico por la novedad acelerada y, en consecuencia, más grave aún, el aplazamiento de la maduración de aquellos que dan la cara en el escenario: los actores.

En Querétaro hay una deserción del 30% de los alumnos que terminan la secundaria, y de esa cifra sólo un fatídico 26% se titulan a nivel licenciatura. Aquellos que fueron tocados por la tentación malsana de subirse a un escenario a vivir la escisión de sí mismos y a contemplarse en el espejo de su propia locura, apenas encontrarán al terminar su formación académica la opción de dedicarse a perseguir niños para que jueguen a María Blanca en algún cursito de verano.

El perfil y el paradigma del director de escena, así como el del actor, están en constante evolución. El director joven cada vez se preocupa menos de su entorno real, de la política cultural, del rumbo del país y de los problemas socioeconómicos que padecemos, y voltea con soltura al Twitter, al chismorreo del Facebook, a la nota roja y, por supuesto, aprende iluminación con la estética de mtv. La solidaridad en el gremio teatral parece un tema olvidado, ninguneado, lo cual nos ha conducido a la ausencia de un público continuo, que sea capaz de disentir y de consentir, de ejercer sus derechos ya elevados a rango constitucional, como espectador.

Es, pues, ante este panorama que la reflexión durante este I Encuentro de Directores de Escena Jóvenes, Querétaro 2010, tocará los temas: la formación del director de escena. (Los grandes movimientos del siglo xx), los recursos de la producción, el papel de las instituciones oficiales, la necesidad de un proyecto estatal, el paradigma contemporáneo del director de escena y su responsabilidad ética, y la metodología del director de escena, lenguaje y técnica.

Angélica García, Luis de Tavira, Jesús Noyola, Ituriel Hernández y Rodolfo Obregón, estarán entre los ponentes de este encuentro realizado con el apoyo del Instituto Queretano de la Cultura y las Artes, el citru-inba, la Academia Experimental de los Teatros de Francia, el Imec: Abbaye d’Ardenne, y la Compañía Nacional de Teatro. Las sesiones iniciaron en mayo y culminarán en diciembre de este 2010, y para mayores informes el lector puede comunicarse al (442) 215 8924 o al correo electrónico uriada2@yahoo.com.mx

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FESTIVAL DE AVIÑÓN 2010

Avignon2009Cumple 63 años, pero es su edición 64, y con el paso de los años se ha consolidado como uno de los festivales de artes escénicas más importantes de Europa. El Festival de Aviñón fue creado por Jean Vilar en 1947 con el propósito de impulsar la frágil actividad teatral de la posguerra y usar los espléndidos espacios abiertos de la ciudad, en especial el Patio de Honor del Palacio Papal, pues recordemos que los papas se mudaron a Aviñón en lo siglos xiii y xiv. Con el lanzamiento de este festival, se pusieron al día los espectáculos al aire libre en monumentos históricos, y no sería raro que Enrique Ruelas se hubiera inspirado en la experiencia de Vilar para lanzar sus Entremeses Cervantinos en la Plaza de San Roque de Guanajuato, que por cierto cumplen 55 años en 2010.

A diferencia de otros festivales que funcionan como antologías de lo mejor del teatro mundial, el Festival de Aviñón es de creación, es decir que más de la mitad de las obras presentadas son creaciones mundiales y en sus escenarios se tratan de mostrar las tendencias teatrales de Francia y Europa. Y la programación para la edición 64 (que se llevará a cabo del 7 al 27 de julio) responde a este común denominador, con la ayuda de dos artistas asociados (que tienen la función de “directores artísticos invitados”) que este año son: Christoph Marthaler, director de teatro y músico suizo, y Olivier Cadiot, escritor de narrativa, teatro y poesía.

Con estos asesores ya se tienen las dos tendencias que destacan en la programación 2010: las puestas en escena como partituras musicales, con escenografías poderosas y coreografías con un papel preponderante; por otra parte, el montaje de textos narrativos en la escena como un El proceso de Kafka o El hombre sin atributos de Robert Musil.

También aparece una generación de creadores-autores que usan el cuerpo, las palabras y la música para crear espectáculos en los límites del teatro y el performance. Entre ellos distinguimos a la española Angélica Liddell, el suizo Massimo Furlan o el francés Christophe Huysman. Muchos de estos nombres son apenas conocidos fuera de los círculos teatrales y Aviñón hace la apuesta de confiar en ellos.

En el escenario principal de Aviñón, el Patio de Honor del Palacio Papal, se presentará la nueva creación de Christoph Marthaler, Papperlapapp, de la que no podemos hablar pues es realmente un estreno mundial. Y para que haya la presencia de un clásico, también va a presentarse en este mismo espacio la obra Ricardo II de Shakespeare, con la dirección de Jean-Baptiste Sastre. En tanto que Olivier Cadiot lleva a la escena su novela Un nid pour quoi faire (El por qué de un nido), acompañado por el director Ludovik Lagarde que ha adaptado sus obras a la escena.

Pero el Festival de Aviñón es, primero que nada, una gran fiesta del teatro en la que participa el público —muy numeroso en periodo estival—, las compañías invitadas al
festival oficial, y los numerosos grupos del festival no oficial: el Off de Aviñón. Porque si en la programación oficial encontramos unos 40 espectáculos, en el Festival Off el número pasó a más de 980 en 2009 y se espera que este año llegue a más de mil. Es el Festival Off el que da el tono festivo a este encuentro de teatreros, pues son sus compañías las que organizan el gran desfile de apertura, las que día con día mantienen la animación en las plazoletas de la ciudad, y son ellos los que llevan grupos musicales por las calles.

En el Off de Aviñón participa cualquier compañía que tenga un espacio para presentarse y pague una inscripción a un comité de organización cuya labor es más que nada de difusión y de acogida del público. En el Off de Aviñón están las compañías estables de la ciudad que ya tienen teatro propio, y decenas de grupos llegados de Francia y Europa que se presentan en escenarios improvisados, mediante una sustancial renta. Los escenarios son cines, garajes, patios de casonas, locales comerciales, ex cuarteles de bomberos, galpones; todo es bueno para convertirse en un teatro temporal que trabaja casi 24 horas por día. Y por supuesto que en los espectáculos presentados hay de todo, desde lo sorprendentemente bueno, hasta lo tristemente amateur.

Y en Aviñón hay público, mucho público, la verdadera sustancia del teatro. Ningún espectáculo de la programación oficial está vacío. Los boletos se venden con un mes de anticipación y hay un fervor especial por ver ciertos espectáculos, en especial en el majestuoso Patio de Honor del Palacio Papal, que puede acoger a 2,500 espectadores. En cuanto al Off, todo depende del correo de los vientos, pero cuando se descubre una perla rara, es seguro que los boletos se agotarán función tras función.

Por eso el Festival de Aviñón es una verdadera fiesta del teatro, porque hay creación, riesgo y compromiso.

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